El fin de la dieta mediterránea... y mas
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"España y otros países de la Europa meridional han alcanzado una altísima esperanza de vida. La longevidad de nuestros compatriotas se suele atribuir a la saludable dieta mediterránea, pero olvidamos con harta frecuencia los beneficios que genera una sanidad universal y gratuita, que se encuentra entre las mejores del mundo. En las próximas décadas va a decrecer nuestra esperanza de vida y en algunos países, como Grecia, se va a notar de manera inminente. Bien es verdad que un neoliberal preocupado solo por la deuda y el déficit verá en esta tendencia un alivio a la hora de cuadrar las cuentas del Estado.
Podemos calcular con precisión los muertos que provocaron los regímenes criminales del nazismo o del estalinismo. Sin embargo, no es tan fácil escrutar las víctimas producidas por el capitalismo en su versión más salvaje. Podríamos sumar los muertos causados por las guerras coloniales y las víctimas de la represión en los países donde hubo un golpe de Estado auspiciado por determinados intereses económicos. Pero hay otro tipo de muertos más difíciles de computar. Nunca deberíamos olvidar que, en las barriadas de las ciudades inglesas afectadas por la revolución industrial, la esperanza de vida descendió en la primera mitad del Siglo XIX a niveles que no se conocían desde la Edad Media. También, tras la caída del muro de Berlín, ha caído la esperanza de vida en algunos países del Este y en las antiguas repúblicas soviéticas. Siempre se podrá decir que es mejor una disminución de la esperanza de vida a una vida sin esperanza. Pero por qué no intentar conjugar libertad y protección social.
Este siglo se parece cada vez más al siglo XIX, en el que la economía se impuso sobre la política. A estas alturas, habría que recordar que el capitalismo es un sistema económico que lleva aparejada una concepción utilitarista del ser humano. Cuando lo importante era producir, la fuerza del trabajo fue considerada solo un factor más de producción. Cuando lo esencial fue vender, el ser humano fue programado para comportarse como un consumidor compulsivo. Por ello, el capitalismo ha recibido severas críticas por parte de quienes sostienen una concepción trascendente del ser humano. Así, por ejemplo, las encíclicas y documentos que conforman la doctrina social de la Iglesia critican aspectos esenciales del capitalismo y del liberalismo económico. Palabra de ateo.
Me gustaría preguntar a estos defensores a ultranza de la ‘ley de la selva’, que creen que el libre juego social pone a cada uno en su sitio y que no hay que tener conmiseración alguna con los que se encuentran en un escalón inferior, si postularían lo mismo si hubieran tenido un hijo con síndrome de down o hubieran padecido las huellas de un alzhéimer precoz en uno de sus progenitores. ¿Serían tan intransigentes si se hubieran quedado tetrapléjicos al toparse con un kamikaze en una carretera?
Toda esta ideología se basa además en mitos que no se sostienen. El pasado 4 de enero, Jason De Parle analizaba en el ‘New York Times’ el declive norteamericano y lo achacaba a la falta de movilidad social interna, muy inferior a la de Canadá y a la de los países europeos que apuestan por el estado del bienestar. La pobreza severa de millones de familias estadounidenses y el déficit de prestaciones y servicios públicos han condenado a Estados Unidos a una esclerosis social y a un estancamiento que auguran la pérdida de su hegemonía.
En EE. UU., al menos, la mayoría de los neoliberales proceden del sector privado. Aquí, por el contrario, casi todos son funcionarios. No hago la relación porque su extensión llegaría hasta las páginas de economía."
Fuente:
Heraldo de Aragón - 11 de enero de 2012
TRIBUNA, LA ROTONDA
Ángel Garcés Sanagustín

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