La Burbuja Energética
El recibo de la luz y sus sorpresas.
Ángel Garcés Sanagustín (Heraldo de Aragón)
Una política energética mal concebida no solo ha convertido a España en uno de los países con la luz más cara de Europa, sino que tendrá un alto coste para los contribuyentes
«Casi cincuenta ex altos cargos
de los diferentes gobiernos han sido
recolocados como consejeros o
asesores de empresas energéticas»
«La burbuja eléctrica es hoy otra
burbuja financiera. Cuando explote,
volveremos todos a apechugar
con las consecuencias»
La catadura moral y la situación real de un
país se reflejan en su recibo de la luz. En España
se paga la luz más cara de Europa, tras
Chipre e Irlanda. Lo primero que sorprende
del recibo es que el consumo real supone la
partida menos cuantiosa. Y sorprende también
el aumento de la factura en un país en
el que la oferta dobla a la demanda en cualquier
período, incluidos los días más calurosos
del verano y los más fríos del invierno.
Todo ello nos lleva a preguntarnos cómo
se conforma el precio de la luz en un sistema regulado,
que conserva lo peor del intervencionismo
público y lo peor de los mercados
sin competencia. La subasta para determinar
parte del precio de la energía está copada
por un enmascarado oligopolio vertical.
Las grandes empresas crean sociedades
distintas para la producción, la distribución
y la comercialización, lo que adultera el precio
final.
La perversión del sistema ya se puso de manifiesto en los denominados costes de transición a la competencia, que se establecieron para que las inversiones realizadas por las grandes compañías eléctricas no perdieran ninguna rentabilidad como consecuencia de la unificación y liberalización de los antiguos monopolios territoriales. A mediados de 2006, cuando se pone fin a este tránsito gradual, estas empresas habían obtenido unos beneficios extras que podrían alcanzar los 3.600 millones y que deberían haber sido reembolsados. Sin embargo, la Administración nunca reclamó cantidad alguna.
Para entender el funcionamiento del sistema hay
que recordar que casi cincuenta ex
altos cargos de los diferentes gobiernos han
sido recolocados como consejeros o asesores
en las grandes empresas energéticas. Entre
ellos podemos citar a Felipe González y
José María Aznar. De hecho, en el Ministerio
de Economía se ha producido un curioso
fenómeno, ya que Elena Salgado dirige la filial
de Endesa en Chile, mientras que Luis de
Guindos era miembro del comité de retribuciones
de la citada entidad antes de ser nombrado
ministro. Por tanto, se ha producido la
sucesión tanto en el Ministerio como en la
empresa privada. Por cierto, Pedro Solbes se
sienta en el consejo de administración de la
italiana Enel, que posee el 92% de Endesa.
Por eso, ninguna reforma energética se ha
hecho pensando en el ciudadano.
No puede entenderse el llamado déficit de
tarifa, por el que el Gobierno reconoce a las
empresas eléctricas unos costes de producción
superiores a los reales, sin esta connivencia
entre dirigentes políticos y directivos
empresariales y, por supuesto, sin el comportamiento
bipolar de estos políticos que recalan
en el mundo empresarial. Dicho déficit
se aproxima en estos momentos a los treinta
mil millones de euros. Como dicha deuda
ficticia se ha titulizado ya en productos financieros
que gozan del aval del Estado, solo
puede abordarse a través de la subida del
precio de la luz o de los presupuestos generales.
En ambos casos termina pagando el
ciudadano.
Se está echando la culpa de todo a las renovables
y lo que se barrunta es que hay una
operación para que las grandes compañías
se queden con este subsector, al que se le ha
situado al borde de la ruina a través de un
impuesto manifiestamente inconstitucional
y del recorte de las primas.
En resumen, la burbuja eléctrica, fruto de
estos y otros trapicheos, es hoy otra burbuja
financiera. Cuando explote, volveremos todos
a apechugar con las consecuencias.
Ángel Garcés Sanagustín
Heraldo de Aragón, noviembre de 2013
Ángel Garcés Sanagustín
Heraldo de Aragón, noviembre de 2013

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